Quinto Domingo de Pascua – 3 de mayo de 2026
Ciclo A: Jn 14,1-12
P. Jorge Castro Gómez
Introducción
El Evangelio de este quinto domingo de Pascua se sitúa en un momento muy especial: es parte del discurso de despedida de Jesús durante la última Cena. Los discípulos están confundidos y tristes porque Jesús les anuncia su partida. En medio de esa inquietud, el Señor pronuncia una de las frases más consoladoras del Evangelio: “No se turbe su corazón; crean en Dios y crean también en mí” (14,1).
En este contexto, Jesús no solo consuela a sus discípulos, sino que les revela algo fundamental sobre su identidad y su misión: Él es el Camino que conduce al Padre. Así, este Evangelio no solo responde a las inquietudes de sus discípulos, sino que ilumina las preguntas más profundas del ser humano: ¿hacia dónde vamos?, ¿cuál es el sentido de nuestra vida?, ¿cómo encontrar la verdadera paz?
Comentario bíblico
Jesús comienza invitando a sus discípulos a no dejarse dominar por el miedo: «No se turbe su corazón». La turbación aparece cuando el ser humano siente incertidumbre ante el futuro. Los discípulos temen quedarse solos, pero Jesús les asegura que su partida no es abandono, sino preparación: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (14,2). Con estas palabras revela que el destino final del creyente es la comunión eterna con Dios.
Luego aparece el diálogo con Tomás, quien pregunta: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (14,5). La respuesta de Jesús es una de las afirmaciones cristológicas más importantes de la sagrada Escritura: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (14,6).
Cada una de estas palabras tiene un significado profundo: Camino: Jesús no solo enseña el camino hacia Dios; Él mismo es ese camino. Su vida, su entrega y su amor revelan cómo debe vivir el discípulo. Verdad: en Jesús se manifiesta plenamente la verdad de Dios. Quien lo conoce a Él, conoce al Padre. Vida: Jesús comunica la vida divina, una vida que vence el pecado y la muerte.
Después, Felipe pide: “Señor, muéstranos al Padre” (14,8). Jesús responde que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre (14,9). Esto expresa la íntima unidad entre Jesús y Dios Padre. En Cristo se revela el rostro misericordioso de Dios.
Finalmente, Jesús afirma algo sorprendente: “El que cree en mí hará las obras que yo hago y aún mayores” (14,12). No se refiere a un poder humano extraordinario, sino a la continuidad de la misión de Cristo en la Iglesia. Los discípulos, sostenidos por la fe y el Espíritu Santo, están llamados a prolongar en el mundo las obras de amor y salvación de Jesús.
Aplicación pastoral
Este Evangelio ofrece unas enseñanzas muy concretas para la vida cristiana:
1° La fe vence la inquietud del corazón. En un mundo lleno de incertidumbres: violencia, crisis sociales, problemas familiares; muchas personas viven con angustia. Jesús nos recuerda que el creyente no camina solo: Dios prepara para nosotros una morada eterna. La confianza en Dios es un fundamento moral que da serenidad y esperanza.
2° Seguir a Cristo es caminar por un sendero concreto de vida cristiana. Si Jesús es el camino, entonces el cristiano debe recorrer ese camino imitando su forma de vivir: la humildad, la verdad, el servicio, la misericordia y el amor al prójimo. La moral cristiana no es solo un conjunto de normas, sino la participación en el estilo de vida de Cristo.
3° La fe debe manifestarse en obras. Jesús afirma que quien cree en Él hará sus obras. Por eso la fe auténtica se expresa en acciones: promover la justicia, ayudar al que sufre, trabajar por la reconciliación y defender la dignidad de toda persona. El cristiano está llamado a ser signo visible de la presencia de Cristo en medio del mundo.
Así, el Evangelio nos recuerda que el discípulo de Jesús vive con esperanza, camina siguiendo a Cristo Jesús y transforma el mundo con obras de amor. Porque cuando el cristiano vive unido a Cristo Jesús, su vida se convierte también en un camino que conduce a Dios.
Conclusión
El Evangelio nos recuerda que la fe en Cristo Jesús no es solo una creencia, sino un camino de vida. Si Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, entonces el cristiano está llamado a orientar toda su existencia según sus enseñanzas y su ejemplo. La verdadera fe se manifiesta en un corazón confiado en Dios, en una vida coherente con el Evangelio y en obras concretas de amor hacia los demás.
Por eso, la invitación de Jesús a no dejarnos turbar el corazón también es una llamada a vivir con esperanza y responsabilidad. Quien cree en Cristo Jesús debe reflejar en su vida la verdad, la justicia y la caridad, de modo que, a través de sus obras, otros puedan descubrir el rostro de Dios. Así, nuestra vida cristiana se convierte en un testimonio que guía a muchos hacia el Padre.

