Contexto Litúrgico
Tras el tiempo de Navidad y la fiesta del Bautismo del Señor, comenzamos el Tiempo Ordinario. Sin embargo, la liturgia no nos suelta de golpe en la «rutina», sino que nos presenta una epifanía continua. Juan el Bautista, quien bautizó a Jesús la semana pasada, ahora da testimonio verbal de quién es Él.
1. Dimensión Bíblica (Exégesis y conexión de textos)
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Primera Lectura (Isaías 49, 3.5-6): El Siervo Universal. Este texto pertenece al «Segundo Cántico del Siervo de Yahvé». Lo fundamental aquí es la ampliación de la misión. Dios dice al Siervo que no basta con reunir a las tribus de Israel (misión nacional/particular); es «poco» para la grandeza de Dios. La misión es ser «luz de las naciones» (misión universal). La salvación no es propiedad privada de un grupo, sino un don para toda la tierra.
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Salmo Responsorial (Salmo 40): La Disponibilidad. Ante la elección de Dios, la respuesta no es el sacrificio ritual de animales (anticipando la crítica profética y la teología de Hebreos), sino la obediencia existencial: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Es la actitud del Siervo y del creyente.
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Evangelio (Juan 1, 29-34): El Testimonio. Juan el Bautista ve venir a Jesús y lanza la definición cristológica central: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».
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«Cordero»: Evoca dos imágenes: el Cordero Pascual (cuya sangre libera de la muerte en Egipto) y el Siervo Doliente de Isaías (que va como cordero al matadero para expiar los pecados).
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«Quita el pecado»: Notar que dice «pecado» en singular. No se refiere solo a las faltas morales individuales, sino a la condición de alejamiento de Dios, la raíz del mal que oprime a la historia.
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El Espíritu: Juan testifica que vio al Espíritu bajar y posarse (permanecer) sobre Él. Jesús es quien posee la plenitud del Espíritu para repartirlo (bautizar).
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2. Dimensión Teológica (Doctrina)
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Cristología del Mediador: Jesús es presentado no como un líder político o un filósofo, sino como una víctima victorial (el Cordero). Su poder reside en la entrega, no en la conquista. Él es el nexo definitivo entre la voluntad del Padre (Salmo 40) y la necesidad humana de redención.
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La Universalidad de la Salvación: Contra cualquier tentación sectaria, la liturgia de hoy nos recuerda que Cristo es «Luz de las naciones». La Iglesia (según la lectura de 1 Corintios) es la asamblea de los «santificados», pero llamados a invocar su nombre en unión con todos los lugares. La fe católica es, por definición, inclusiva en su oferta de salvación.
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El Espíritu Santo: La identidad de Jesús está intrínsecamente ligada al Espíritu. No se puede entender a Cristo sin el Espíritu Santo. Jesús viene a sumergirnos (bautizarnos) en esa vida divina.
3. Dimensión Pastoral (Aplicación para la vida)
Para la homilía o la meditación personal, se pueden destacar tres actitudes:
A. La tarea de señalar a Jesús (El «Dedo» de Juan) Juan el Bautista no retiene a sus discípulos; señala a otro. Él dice: «Ahí está».
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Pregunta: ¿Nuestra pastoral, nuestras devociones y nuestros grupos parroquiales señalan a Cristo o se señalan a sí mismos? El verdadero evangelizador es aquel que, una vez ha llevado a la persona hacia Jesús, sabe hacerse a un lado («Es necesario que Él crezca y yo disminuya»).
B. «Quitar el pecado del mundo» Vivimos en un mundo estructuralmente herido (violencia, corrupción, egoísmo). Jesús es quien quita ese peso.
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Reflexión: A menudo buscamos soluciones políticas o económicas para los males del mundo, lo cual es necesario, pero insuficiente. La raíz es el «pecado del mundo». Como cristianos, combatimos este pecado no con más violencia, sino con la lógica del «Cordero»: mansedumbre, entrega y verdad.
C. Descubrir la propia vocación (Isaías) El profeta dice: «El Señor me formó en el seno materno para ser su servidor».
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Mensaje: Nadie es fruto del azar. Dios tiene un proyecto para cada uno desde antes de nacer. Al igual que Jesús tiene una misión (ser Cordero y Luz), tú tienes una misión específica en tu familia, trabajo o comunidad. ¿Cuál es tu forma de ser «luz» esta semana?
Idea para cerrar la homilía:
«Hoy, al acercarnos a comulgar, el sacerdote repetirá las palabras exactas del Bautista: ‘Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’. Que al responder ‘Señor, no soy digno’, renovemos nuestra disponibilidad como el salmista: ‘Aquí estoy, Señor’, para ser luz allá donde haya oscuridad.»

