Evangelio Dominical​ – 21 de junio / Domingo XII del Tiempo Ordinario

Domingo XII del Tiempo Ordinario – 21 de junio de 2026

Ciclo A: Mt 10, 26-33.

P. Jesús Ariel Nieto Arias, CSsR

 

NO TENER MIEDO A NADA NI A NADIE

 Introducción

   El texto que nos propone la liturgia de la Iglesia católica para este domingo forma parte del capítulo 10 del evangelio de san Mateo. En los primeros versículos, el Señor Jesús llama a los Doce, los envía con algunas recomendaciones y les advierte que serán perseguidos. Ahí viene el consejo a sus discípulos: “No les tengan miedo” (vv. 26; 31) o “no teman” (v. 28), y concluye diciendo en el v. 34 que no vino a traer la «paz» sino «espada», no el temor sino la acogida. Todo esto visto desde la perspectiva de Dios y no desde la perspectiva del mundo. Él no vino a traer y dar la paz como la ofrece el mundo: con armas, miedo, sometimiento, explotación, opresión, dictaduras… Eso no es paz. Su paz se construye mediante la lucha, el compromiso, la donación, la entrega, la siembra, la acogida.

   Lo que Jesús dijo e hizo escandalizaba. Lo de Dios escandaliza porque se presenta distinto y novedoso frente a los que siempre han manipulado y detentado el poder, y manejan estructuras mundanas como algo normal.

 Comentario bíblico

   El miedo es sensación desagradable ante la percepción de un peligro real o imaginario. Ante el miedo, el organismo pone en funcionamiento una respuesta automática de supervivencia: la amígdala cerebral envía la señal de amenaza al hipotálamo, que es el centro de control principal del cerebro. Éste, a su vez, activa las glándulas suprarrenales para que produzcan adrenalina y cortisol. Esta respuesta química prepara al cuerpo para la «lucha» o la «huida», aumentando el ritmo cardíaco, respiratorio, tensión muscular, pupilas dilatadas, sudoración, etc.

   El miedo es una alarma mental para protegerse, para huir de un peligro. El que tiene confianza, o tiene fe, no siente miedo. Los que andan armados, tienen miedo; quienes andan sin armas, no.

   Sin embargo, Cristo Jesús ve el miedo como emoción humana natural y como una señal de falta de fe. Por eso, invita a sus discípulos a la confianza filial en Dios. El miedo es una falta de certeza en que el Creador busca nuestro bien. El miedo es una especie de parálisis que impide vivir con libertad, y se supera en la confianza absoluta, en el cuidado amoroso de Dios.

   Cristo envía a los discípulos a la misión, que es anunciar el Reino de Dios, y les da unas pautas: pobreza y firmeza.

   El anuncio del Evangelio en el tiempo, teniendo en cuenta la realidad y contexto, no es fácil, pues el apóstol se expone a la persecución, porque en un ambiente de mentalidad fija, donde todos copian (y hasta introyectan) la forma de pensar de los «señores» de este mundo, el Evangelio es incómodo y el que lo proclama, también. Y la persecución que ellos hacen contra el discípulo de Jesús, piensan que lo hacen para dar culto a Dios (Jn 16, 2), pero obran así porque no saben nada del Reino de Dios. Los que llevaron a Jesús al patíbulo de la cruz, creyeron que con ese acto criminal le estaban dando culto a Dios.

   Jesús invita a decir todo desde el reino de Dios y no desde los propios intereses o conveniencias. Y lo de Dios hay que decirlo con claridad y transparencia, sin tapujos ni a escondidas, desde las azoteas, las terrazas, con altoparlantes y, sobre todo, con el testimonio.

   Decir lo de Dios supone convicción y audacia, y eso incomoda a los que se creen buenos, que son los fariseos hipócritas que están maltratando a los pobres, con justificaciones religiosas, diciendo que eso es lo que Dios quiere, cuando, en realidad, están tergiversando el mensaje de Dios.

   Cristo Jesús nos quiere decir que, en Dios no hay nada oculto, todo es transparente. Y el ser humano también debe actuar de esa manera: transparente, con pureza de corazón, para poder ver y sentir a Dios. Cuando hay algo oculto, o alguien oculta algo, es que siente miedo y no quiere que se descubra. Si miramos a Gn 3, 8-10, cuando Adán y Eva se taparon y se escondieron, tenían miedo, porque habían desobedecido a Dios.

   Por eso Jesús nos dice que revelemos lo de Él sin miedo. Lo que él nos dice en la noche, en la oscuridad de nuestra vida, lo revelemos en pleno día en la luz de nuestra existencia y de nuestra fe; y lo que nos dice en secreto, en nuestra conciencia, en el Espíritu Santo, lo revelemos en todos los medios de comunicación, en el testimonio, etc.

   Jesús nos pide no tener miedo al que mata el cuerpo, no sólo físico o ambiental, pues lo hace para crear miedo, para tapar, para decir: «vea y coma callado», para no denunciar lo malo que se haga. O, peor aún: presentar lo malo que se haga como bueno, o creer –de manera equivocada– que, con lo malo que se está haciendo, se está adorando a Dios. Podrán matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma (Mt 10, 28); es decir, la fe, las convicciones, la escala de valores, la acción del Espíritu Santo.

   En la sociedad de hoy los que están de acuerdo con las armas, las guerras, las violencias, los que sobornan, quiere tapar todo, dejando muda a la gente y los medios de comunicación, para que no hablen, griten o digan la verdad, o lo que están sintiendo, porque a los causantes de alguna miseria, los pone más nerviosos.

   Hay que tener miedo al que destruye alma y cuerpo. Esto manifiesta dos cosas:

  1. El que destruye el alma, crea conciencia maligna, malévola, piensa como el demonio, crea el mal, hace el mal, quiere que todos actúen de acuerdo al mal y piensen que el mal está bien; crean ambiente de violencia, y el que nazca en ese ambiente la respira, se alimenta y enseña a que vivan de esa manera: colegios, escuela de sicarios, armamentistas etc.
  1. Dios puede destruir alma y cuerpo en el juicio final. Pero Dios sabe quién ha llevado a la humanidad a ese extremo. Es el maligno y los que piensan como él. Por eso Dios nos envió a su Hijo Jesucristo, para enseñarnos el camino del bien, de la vida, de la salvación; y, por lo tanto, a no tener miedo, sino a vivir en paz, a decir y a vivir todo lo de Dios sin ningún temor.

   No es que Dios sea un dictador que nos tiene todo controlado, hasta las canas, arrugas y cabellos. Dios todo lo ve y lo que hace es para acompañarnos y salvarnos. En la escala de valores, vale más el ser humano que unos pajaritos o mascotas. Ellos fueron creados para el servicio del ser humano.

   Si nosotros estamos de acuerdo con la enseñanza del Señor Jesús, si estamos de su parte, si recogemos con él y no desparramamos, Jesús se pondrá de nuestra parte ante el Padre Celestial. No importa que nos maten o nos persigan. Ahora bien, si nosotros negamos a Cristo o estamos en su contra, Jesús nos negará ante el Padre Celestial.

 Conclusión

   Estamos llamados a seguir a Jesús sin miedo adoptando (no adaptando) su estilo de vida, priorizando la humanización: vale más el ser humano que los gorriones (Mt 10, 31).

   La evangelización no tiene como objetivo la parte ritual y cultual, sino que es un medio para mirar lo de Dios, y humanizar al ser humano, para llegar a Dios que es el objetivo.

   El miedo surge de una religión centrada en el poder, en las normas y en los ritos. El Evangelio invita a la libertad radical, al amor incondicional y al compromiso con los demás.

   Si somos amigos de Dios, no le tendremos miedo. Si vemos a Dios como un dictador, sí le tendremos miedo. Jesús nos dice: “Ya no os llamo siervos…, sino amigos” (Jn 15, 15). Jesús vino para hacernos amigos de Dios.

   El juicio de Dios no es una amenaza de castigo, sino la sorpresa gozosa de encontrarse con el amor incondicional del Padre, que libera de los miedos.

   No tener miedo es tener valentía teológica y compromiso social, denunciando cómo el temor ha silenciado a la Iglesia y a muchos creyentes. El miedo es paralizador de la misión (no se lucha contra la injusticia, se calla). Miedo a vivir las consecuencias del Evangelio.

   Tener a Cristo es tener la verdad triunfante, porque Él es el Camino, la Verdad, la Luz y la Vida. Tener valentía ante el poder, no tener miedo a los poderes e instituciones que despojan de derechos a los hombres y generan sufrimientos.

   Tener confianza en la providencia de Dios. Saber que Dios cuida de cada persona. Arriesgarse por la justicia, confiando en Dios, que protege la dignidad humana.

   Dios nos da su Espíritu para que no tengamos miedo, sino que anunciemos lo de Dios y denunciemos el mal, lo de satanás. Amén.

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