XV Domingo del Tiempo Ordinario – 12 de julio de 2026
Ciclo A: Mt 13, 1-23
P. Carlos Eduardo Caballero Pimiento, CSsR
UN SEMBRADOR MUY PARTICULAR
Introducción
En este domingo, XV del tiempo ordinario, la liturgia nos presenta como texto de reflexión la parábola del sembrador. Es un texto muy ilustrativo en la pedagogía de la evangelización, viéndola en doble sentido: desde quien siembra como desde quien recibe la semilla; porque todos como creyentes, cumplimos esa doble función y la producción del fruto dependerá del compromiso que tengamos en nuestra vida diaria, contexto o estado de vida de cada uno.
Comentario bíblico
Este texto nos indica que las cuatro clases de semillas representan los cuatro puntos cardinales donde Dios desea establecerse y somos los seres humanos quienes lo representamos al ser su imagen y semejanza y la manera más concreta es produciendo los frutos queridos conforme a su voluntad.
Hace exactamente 6 años, el Papa Francisco en el rezo del Angelus del 12 de julio, dijo lo siguiente sobre este texto: «La parábola del sembrador es un poco la ‘madre’ de todas las parábolas, porque habla de la escucha de la Palabra. Nos recuerda que la Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie! La Palabra es dada a cada uno de nosotros. Podemos preguntarnos: yo, ¿qué tipo de terreno soy?».
En ese sentido, ¿qué podemos responder a su interrogante? porque en los actuales tiempos que vivimos, dar fruto ante el auge de la tecnología, ante el individualismo creciente, ante las polarizaciones, ante los conflictos locales e internacionales, ante las distintas corrientes religiosas, ideológicas y culturales, la producción de frutos es muy relativa, porque depende de los gustos, tendencias, proyecciones y maneras de valorar o ver los frutos desde la realidad objetiva.
Cualquier planta por pequeña que sea, necesita de ciertos elementos o factores como el sol, el agua, la sombra, los nutrientes y los cuidados requeridos para nacer, crecer, desarrollarse y llegar a florecer o producir el fruto adecuado de acuerdo a su especie. De igual manera si hablamos en sentido humano, para que los frutos se produzcan han de estar presentes al menos cuatro elementos o factores adecuados: la escucha, la perseverancia, el compromiso y la toma de consciencia, que integrados serán los determinantes del producto final querido por Dios.
En cuanto a la escucha, Jesús mismo lo dice: “el que tenga oídos que oiga” (Mt 13, 9). Esta frase nos indica lo importante que es saber prestar atención a la escucha o bien, el saber asimilar la Palabra cuando nos acercamos a ella, ya que de este paso depende que los demás que hacen parte de la lectura orante, sean integrados en el objetivo que busca el ultimo terreno, tierra fértil, donde se debe producir el fruto deseado.
La perseverancia, unida a la escucha se hace valiosa en el proceso de la producción de frutos, ya que se asocia a lo que nos dice el Señor Jesús en el evangelio de san Juan: “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí” (15, 4). Quizás este factor es bien determinante en nuestra vida pues de él depende, que lo iniciado, sea terminado con éxito. La frase popular dice que muchos son los llamados y pocos los escogidos. En el éxito obtenido por el ser humano en cualquier ambiente, la perseverancia juega un papel importante, porque ella es el producto de los esfuerzos y la seriedad con la cual todos actuemos y vivamos el día a día.
El compromiso, como tercer factor, lo define la real academia de la lengua como: obligación contraída y palabra dada. Esto indica que somos cada uno de nosotros los que hacemos que los objetivos propuestos lleguen a feliz término, dependiendo de la seriedad con que nos tomemos las responsabilidades y la relación con los demás.
Por último, la toma de consciencia va de la mano con la seriedad en que tomemos la opción fundamental que hayamos elegido con la libertad que el mismo Dios nos ha dado. Si direccionamos esa libertad en la consecución de cualquier proyecto, los frutos se han de producir en la medida que todo concurra.
Aplicación pastoral
En el evangelio de san Marcos, el mismo Jesús les explica la parábola a los que estaban cerca de él con los doce (4, 13-20). Mediante esta explicación se puede decir que en las actitudes descritas están las reacciones y respuestas que el oyente da ante la recepción de la semilla. Pues, si bien, los terrenos donde cae, es diferente, la semilla es la misma; por tanto, el terreno donde cae dicha semilla es el que va a permitir la germinación, el crecimiento robusto y la producción final que viene a ser el fruto deseado.
En este sentido apreciado hermano, dispongámonos a recibir la semilla con la debida preparación, para que el esfuerzo del sembrador no sea en vano y la semilla sembrada no se pierda, aunque la producción no sea del 100 %, o ni siquiera del 60 %, que al menos haya buena disposición para que la iniciativa de Dios al darnos parte en su grupo de receptores cumpla el propósito que él ha tenido al crearnos y darnos la oportunidad de demostrarle que no ha sido en vano el darnos la oportunidad de integrar el número de sus hijo terrenales.
En el numeral 121 de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos da a entender que todos estamos llamados a producir frutos sin importar la condición humana: «Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. El testimonio de fe que todo cristiano está llamado a ofrecer implica decir como san Pablo: “No es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera […] y me lanzo a lo que está por delante” (Flp 3,12-13)».
El Papa León, en la Audiencia General del 21 de mayo del año pasado nos deja esta exhortación: “Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué situación de nuestra vida nos está alcanzando hoy la Palabra de Dios? Pidamos al Señor la gracia de acoger siempre esta semilla que es su Palabra. Y si nos damos cuenta de que no somos un terreno fértil, no nos desanimemos, sino pidámosle a Él que siga trabajándonos para que podamos llegar a ser una tierra mejor”.

