Evangelio Dominical​ – 12 de Abril / Segundo Domingo de Pascua

Comentario dominical – 12 de abril de 2026

Ciclo A: Jn 20,19-31

P. José Samuel Torres Tangua, C.Ss.R.

LOS «DONES» DEL   RESUCITADO Y LA MISIÓN DE LA IGLESIA

   En este tiempo de pascua, la Iglesia presenta tres testimonios en favor de la resurrección del Señor Jesús: la tumba vacía, los relatos de apariciones y la conversión de los discípulos. Los relatos de apariciones comportan una de las expresiones de la fe de los primeros cristianos en el Resucitado.

   No olvidemos que la Solemnidad de la Pascua es el acontecimiento que configura la comunidad cristina. La Iglesia celebra durante ocho días consecutivos la alegría y el gozo que da la vida nueva en la resurrección.       

   Este domingo, segundo de pascua, es llamado de la misericordia. El evangelista Juan, presenta la aparición de Jesús en medio de la comunidad de los discípulos. Jesús se aparece antes en el jardín; ahora lo hace en el atardecer del día de la resurrección, y viene al encuentro de sus discípulos.

   En el texto que se lee en este domingo, se narran dos escenas contrastantes. En la primera, los discípulos están encerrados y la razón que se aduce es el miedo a los judíos. El relato está cargado de un simbolismo especial: miedo, encierro, puertas trancadas. Realidad muy humana que confronta los miedos que inmovilizan y encierran en la vida de cualquier cristiano.

   En la segunda, la presencia del resucitado suscita un proceso de crecimiento en la fe que transforma los miedos y permite testificarlo. Jesús resucitado realiza varias acciones en medio de la comunidad, a saber: irrumpe “en medio de ellos” (20,19); les otorga la paz: “la paz esté con ustedes” (20,21); les muestra las señales de la crucifixión: “les mostró las manos y el costado” (20,20). La manifestación de la vida nueva de la Pascua se hace notar en la reacción de los discípulos: “se alegraron de ver al Señor” (Ibid.). En medio de los miedos y temores de los discípulos, Jesús les da confianza, seguridad frente al mundo. Él mismo es el fundamento de su paz. La comunidad descubre una realidad nueva y sorprendente para la vida nueva: «el resucitado ha vencido la muerte». Además, esta nueva realidad se une a la vida misionera: la Iglesia como comunidad reunida en torno a Jesús, es portadora de salvación.

   Rememorando el segundo relato de la creación (Gn 2,7), Jesús exhala su aliento (20,22) para entregarles el Espíritu: “como el Padre me envío, también yo los envío” (20,21). En el Espíritu Santo, Jesús comunica una vida nueva que está en íntima unión con el Padre, como la fuente, el testimonio de vida nueva en el Hijo y la presencia e ímpetu, en el Espíritu. La Iglesia es enviada al mundo como servidora de los hombres; ella vive en referencia a la Trinidad y a toda la humanidad. La vocación de cada discípulo es misionera. En esta comunión con Jesús en el Espíritu, a los apóstoles les es dado “de lo alto” (Lc 24,49) el poder para «retener» los pecados (20,23) como un renovado llamado al cambio de vida.

La segunda escena se describe en un tiempo determinado “ocho días después” (20,26); con ello el evangelista da importancia e identidad al primer día de la semana. El personaje de esta escena es Tomás y la pregunta de fondo es: ¿cómo se llega a la fe cuando no se ve al crucificado resucitado? Ciertamente, el testimonio de los discípulos da la respuesta: “Hemos visto al Señor” (20,25). Tomás, quiere tocar para creer. Desea verificar que el escándalo de la cruz no ha sido el final y dice: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo” (Ibid.). El resucitado toma la iniciativa, indica el camino y con una pedagogía misericordiosa, aparta al discípulo de su incredulidad y lo conduce a la fe. Y le dice: “No seas incrédulo, sino creyente” (20,27). Tomás hace la más hermosa de las confesiones: “Señor mío y Dios mío” (20,28).

   El mensaje pascual señala el camino misericordioso de la fe, de los que sin ver creen en Jesús, el Mesías. Dios se acerca a cada ser humano por medio del testimonio creyente de la Iglesia. Una misión que debemos fortalecer cada uno de nosotros y afianzar en su mensaje: “El que vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean” (Jn 19, 35).

   En este domingo de la misericordia varios aspectos afianzan este camino de seguimiento en el Señor.

  1. La duda, el miedo paraliza. Cuando se manifiesta las incertidumbres de la vida surgen los temores que con facilidad paralizan la existencia. El camino de la fe, la presencia del Señor resucitado permite encontrar horizontes de vida, el sentido de la esperanza.
  1. Testigos, con la fuerza del resucitado. Cristo sopla sobre ellos y les da el regalo del Espíritu. Los discípulos emprenden una vida de anuncio que la realizan en cada acción y en cada instante de la vida.
  1. “Como el Padre me envío, también yo los envío” (Jn 20, 21). La misión de Jesús se hace presente n la vida de cada cristiano. Por medio de ella mostramos a Dios y santificamos el mundo. Nuestra fe se manifiesta en obras y acciones concretas.

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