SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Ciclo A: Jn 3,16-18
P. Pedro Pablo Zamora Andrade, CSsR
LA TRINIDAD, MODELO DE TODA FAMILIA Y COMUNIDAD CRISTIANA
Introducción
Después de la celebración de Pentecostés, la fiesta en honor del Espíritu Santo, la liturgia de la Iglesia católica nos invita a celebrar a Dios Uno y Trino. No es una doctrina inventada por nadie. Los datos aparecen en el Nuevo Testamento. Cuando Jesús de Nazaret aparece en su vida pública afirma que ha sido enviado por el Padre (Jn 5, 30; 7, 16; 20, 21); y, antes de su ascensión, les promete a sus discípulos que nos lo dejará solos porque les enviará el Espíritu Santo (Jn 14, 15-16).
En el Antiguo Testamento encontramos uno de los aportes de la religión judía al mundo: Dios es solamente Uno (Dt 6, 4; Is 44, 6; Mc 12, 29; Rom 3, 30, etc.). En contra de las religiones animistas o de los politeísmos de su entorno, el judío confiesa su fe en el monoteísmo. El sol, la luna, las estrellas, la lluvia o los ríos, no son dioses; son creaturas. Por tanto, no hay más que un Dios al cual adorar y rendir culto.
Comentario bíblico
No hay un texto bíblico que contenga por sí sólo la doctrina de la Santísima Trinidad. Ni siquiera el texto que propone la liturgia para este domingo. El texto que se leerá en todos los templos católicos del mundo es de san Juan (3, 16-18). Allí se menciona al Padre y al Hijo; falta la alusión al Espíritu Santo. Esa referencia habrá que buscarla en otros textos del Nuevo Testamento.
La Iglesia católica no se inventó la doctrina ni el dogma de la Santísima Trinidad. Se encontró con ese dato al leer los textos del Nuevo Testamento. ¿Qué es el Padre? ¿Qué es el Hijo? ¿Qué es el Espíritu Santo? El término que escogió la teología católica (especialmente durante la Patrística) fue prósopon (rostro o máscara). En el teatro griego, los actores se ponían distintas prósopa (máscaras) para representar diferentes personajes.
Para evitar decir que había tres dioses distintos (lo cual sería politeísmo = triteísmo) o que Dios era uno solo que cambiaba de forma (herejía conocida como «modalismo»: Sabelio), los Padre de la Iglesia católica adoptaron este término. Lo utilizaron para describir que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son solo tres «papeles» o «apariencias» de un mismo Dios, sino tres realidades con un «rostro» o identidad propia, que comparten la misma naturaleza divina.
En el desarrollo de los concilios de la Iglesia católica, prósopon se tradujo al latín como «persona». Así, el dogma católico quedó establecido de la siguiente manera:
- Una sola sustancia (o esencia): Dios es un solo ser divino.
- Tres personas (tres prósopa o hipóstasis): Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen cada uno su propia identidad relacional dentro de la Trinidad.
Sobre el término «persona», digamos lo siguiente: desde el siglo V d.C., bajo el influjo de Boecio, el término «persona» fue definido como naturae ratioanalis individua substantia (sustancia individual de naturaleza racional). Si aplicamos este concepto a las «personas» de la Trinidad, el resultado serían tres dioses y terminaríamos cayendo en el «triteísmo».
Por eso, Karl Rahner proponía la siguiente fórmula: «El Dios uno subsiste en tres formas distintas de subsistencia». En lugar del término prósopon, traducido por «persona», el teólogo alemán prefería el de «subsistencia». En el campo luterano, Karl Barth hablaba del Dios uno que subsiste en «tres formas de ser». Ahora bien, el término «subsistencia» procede de la metafísica aristotélica, y nuestro mundo actual es alérgico a ese tipo de lenguaje.
Dejando a un lado el problema hermenéutico, centremos nuestra atención en el misterio mismo de la Trinidad. Un elemento nuevo que descubrimos al reflexionar sobre su contenido es el siguiente: Dios, en su interioridad más profunda es una comunidad, una familia, no una soledad. Estas tres «realidades» son iguales en dignidad, poseen funciones distintas, pero constituyen un único Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen la dignidad divina; sin embargo, cada uno desempeña una función distinta «ad extra»: el Padre es Creador; el Hijo es Salvador y el Espíritu Santo es Santificador. En otras palabras, hay igualdad fundamental, diversidad funcional y conforman una comunidad o familia en comunión.
Aplicación pastoral
La Santísima Trinidad es el modelo de toda auténtica familia humana y de toda comunidad cristiana. Los rasgos que hemos mencionado anteriormente, tienen que ser aplicados en el plano familiar y/o comunitario para que tengamos familias y comunidades cristianas “a imagen y como semejanza” de Dios Uno y Trino (Gn 1, 26).
En nuestras familias y en nuestras comunidades cristianas debe existir igualdad fundamental. Si en alguna familia, alguien (el padre, por ejemplo) se cree con más derechos o con más autoridad que los demás (la madre o los hijos), la institución comienza a fallar por los cimientos. Si en una comunidad cristiana, alguien (el párroco, por ejemplo) toma decisiones sin consultar y exige obediencia sin reparos, el futuro de ese grupo será la sumisión infantil, la rebelión en forma de crítica velada o la disgregación.
Así mismo, en nuestras familias y comunidades cristianas debe existir diversidad funcional. El domingo pasado celebramos la Solemnidad del Espíritu Santo. Según la teología paulina, ese Espíritu ha concedido dones, carismas o talentos a todos los bautizados para el bien común (1 Cor 12, 7). En una familia y en una comunidad, los roles o funciones tienen que estar claros. Algunos de esos roles o funciones vienen dados por el encargo recibido (obispo, párroco) o son el resultado del lugar que le corresponde a cada quien en la institución familiar (padre, madre, hijo). En algunos casos son propios; en otros, son culturales. En el segundo caso, son susceptibles de intercambio. En la familia patriarcal, por ejemplo, el padre era el «proveedor». En la cultura actual, esos roles son intercambiables.
Démosle gracias a Dios Uno y Trino porque nos ha querido revelar los misterios de su corazón. Que esa imagen del Dios familia-comunidad nos sirva de referencia para construir familias y comunidades cristianas según el modelo original que contemplamos hoy.

