Evangelio Dominical​ – 26 de julio / Domingo XVII del Tiempo Ordinario

Domingo XVII del Tiempo Ordinario – 26 de julio de 2026

Ciclo A: Mt 13, 44-52

P. Carlos Eduardo López Hernández, C.Ss.R.

 

EL REINO DE DIOS SE PARECE A…

Introducción

   El pasaje que comentamos es el último tramo del bloque de «parábolas del Reino» en el capítulo 13 de San Mateo. Los temas principales sobre el Reino de los cielos son su valor ilimitado, su belleza, su ambigüedad presente y la interpretación de lo viejo según la Buena Nueva de Cristo. A continuación, se presentan elementos específicos de cada una de las cuatro parábolas y una aplicación pastoral.

Comentario bíblico

   El tesoro escondido (v. 44). La idea de un tesoro escondido es verosímil al tratarse de aquellas tierras y aquellos tiempos, pues era común ante huidas repentinas y posibles saqueos enterrar objetos valiosos que podrían permanecer así mucho tiempo.

   El motivo de la conducta de «venderlo todo» es la alegría.

   El tesoro es, según Benedicto XV, la fe y la gracia del Evangelio. En su encíclica Spiritus Paraclitus dice que la parábola se ha realizado en santos doctores de la Iglesia: en su dicha de haber encontrado el tesoro de la divina Palabra se despidieron de los placeres del mundo.

   Señala San Hilario que el tesoro se halla gratis, pero no se posee gratis, sino con renuncias. Añade San Gregorio Magno que el tesoro es un santo deseo de Dios y es necesario esconderlo: no basta defenderlo de espíritus malignos, hay que despojarlo de toda gloria humana para evitar que sea arrebatado.

   La perla preciosa (vv. 45-46). San Juan Crisóstomo señala que, si «el tesoro» habla del Reino de Dios como ganancia, la perla habla de su belleza. San Agustín dice que el precio que hemos de pagar es nada menos que nosotros mismos.

   San Jerónimo propone analogía con Pablo en Filipenses 3, 8: “Por Él lo perdí todo; y todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo”.

   La red (vv. 47-50). Un contexto histórico tácito es el lago de Galilea. En este había cerca de 30 especies de peces y solo una sería «desechable» por razones rituales al no tener escamas.

   El Reino existe en medio de condiciones terrenas, incluyendo ambigüedades, antes de su etapa final de perfección. El pescador mientras pesca no tiene la preocupación prematura de distinguir cada pez bueno o malo. Así, la Iglesia incluye a santos y pecadores. La criba final le corresponde a Dios.

   Santo Tomás afirma que, a diferencia de la parábola de la cizaña, cuyo «campo» es el mundo (v. 38), la de la red se refiere a la Iglesia apostólica. Los peces malos no aluden a los que están separados de la Iglesia «por diversidad de dogmas sino de los que hacen profesión de pertenecer a ella».

   Lo nuevo y lo viejo (vv. 51-52). Es una «metaparábola». Una parábola que ilustra sobre todas las anteriores de esta sección. Su comprensión tiene como base el haber comprendido las anteriores parábolas. En San Mateo, la comprensión es una cualidad importante en el discípulo y muestra que tiene disposiciones interiores adecuadas.

   Lo nuevo y lo viejo se suele asociar al Antiguo y al Nuevo Testamento.

   El pasaje sugiere la presencia de escribas cristianos en la comunidad de Mateo. Incluso esto puede ser una autorreferencia del evangelista.

   El cristiano instruido y que instruye a otros (el escriba que se hace discípulo) requiere de la capacidad de dar la herencia judía a la luz de la interpretación de Jesús. Saber presentar el Reino de Dios no solo en su expresión preliminar sino también en su realización presente y su futura consumación.

Aplicación pastoral

  1. El corazón del Reino es Cristo (Cfr. CEC, nn. 541-542). Varios Padres enseñan que «podemos identificar el Reino de Dios con su persona (la de Cristo), ya que en Él hemos de reinar».
  2. La forma concreta en que acontece para nosotros hoy el Reino de Dios es un encuentro personal con Cristo, que constituye un tesoro de alegría y amor misericordioso que transforma al creyente. Esta transformación incluye los comportamientos que se van configurando con la ley de Dios compendiada en la caridad. Al mismo tiempo, Cristo constituye el centro unificador del Reino-comunidad en la Iglesia. La voluntad de Dios para nosotros es «no anteponer nada a Cristo, ya que Él nada antepuso a nosotros» (S. Cipriano).
  3. Hoy no podemos dar por supuesta la fe. Es importante preguntarse y preguntar a otros: este tesoro, ¿lo has encontrado o no? Y, para no limitarnos a una automática respuesta afirmativa, es necesario fijarnos en estos indicadores: el que ha encontrado este tesoro está dispuesto a perderlo todo con tal de poseerlo y de disfrutarlo cada vez más. Y cuando decimos «todo» incluimos: dinero, prestigio, amistades, salud, etc. Y esta disposición no ocurre como un tormentoso deber, sino como una alegría… si no se tienen estas disposiciones habría que concluir que no se ha encontrado el tesoro o ya se ha perdido de vista considerablemente. Sería un sincero primer paso hacia esa dichosa experiencia.
  4. No desalentarse por anti-testimonios: ya ha sido anunciado por Cristo que habrá imperfección y ambigüedad en la Iglesia. La presencia del anti-testimonio en sacerdotes, obispos, religiosos, servidores laicos (catequistas, lectores, etc.) en las parroquias y demás comunidades, son realidades ya anunciadas que no escapan a la previsión de Dios. Podemos y debemos perseverar en paz y sin un afán excesivo de evaluar a todo el mundo a nuestro alrededor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *