Evangelio Dominical​ – 29 de Marzo / Domingo de Ramos

Ciclo A: Mt 21,1-11

José Rafael Prada Ramírez, C.Ss.R.

REINAR, COMO JESÚS, A TRAVÉS DEL AMOR Y DEL SERVICIO

Introducción

   La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén montado en un burro, es un hecho importante en la vida de Jesús. Es narrada por los cuatro evangelistas, naturalmente cada uno con sus propias especificidades y características.

   La versión de Mateo es posterior unos 10 años a la de Marcos, y cuenta cómo una gran muchedumbre del pueblo recibe a Jesús en Jerusalén, y hay personas que cortan ramas de los árboles, y otras multitudes que van delante y atrás de Él, lo ovacionan, le tienden sus mantos y lo aclaman “¡Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (21,9). El cortejo hace estremecer a toda la ciudad que se pregunta “¿Quién es éste?” (21,10), y la multitud contesta “Es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (21,11). La entrada de Jesús en la ciudad se convirtió verdaderamente en un festejo, popular y masivo de los habitantes de la ciudad y de aquellas numerosas personas que acompañaban al Señor.

Comentario bíblico

   Los estudiosos de los Evangelios nos dicen que cada evangelista tenía sus intenciones particulares al narrar esta entrada triunfal. El episodio tiene sus dificultades explicativas, entre ellas dos especiales y problemáticas: la primera, los Evangelistas trataron siempre de evitar la presentación de Jesús como figura política de rey o gobernante de Israel, y la segunda, los Romanos no permitían, bajo ninguna excusa, que alguien organizara manifestaciones políticas en las que no fuera el Emperador de Roma la figura central.

   Analicemos más en detalle la versión de Mateo, ayudados por los exegetas:

  1. El Mesías humilde entra en Jerusalén. Jesús es retratado por Mateo, en su entrada en Jerusalén, como un Mesías humilde. El evangelista Mateo ya había subrayado anteriormente el rasgo de la humildad de Jesús: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraran descanso para sus vidas” (11,29). Aquí, junto a la humildad, se subrayó el rasgo de la «mansedumbre». Pero Mateo va más allá de la humildad y de la mansedumbre. Invita al lector hasta una confesión de fe en la identidad de Jesús. Éste no es un rey guerrero, sino el Señor poderoso que salva y cuyo reinado es humilde y pacífico.
  2. El detalle de la burra y el burrito . El segundo elemento distintivo está en la descripción del animal que Jesús utiliza. El gesto de escoger un burro, animal indispensable y preferido por los campesinos palestinos para el trabajo cotidiano y de pedirlo prestado, con la promesa de devolverlo (21,3), nos hace reflexionar. En esto Jesús también marca diferencia con los reyes de la época.

   Pero hay más. Como atestiguan otras fuentes rabínicas, Mateo podría haber conocido una tradición que interpreta el burrito a la luz de dos historias bíblicas previas.

   – La del burro que usó Abraham cuando fue al monte Moria (luego el monte de Jerusalén) para ofrecer a su hijo Isaac (Gn 22,3).

   – La del burro que montó Moisés cuando volvió de Madián para liberar al pueblo del yugo de Egipto (Ex 4,20).

   Por tanto, el gesto de la entrada en Jerusalén en un burro, podía ser entendido como un signo vivo del plan de Dios que iniciaba con Abraham, pasaba por Moisés y se cumplía en Jesús.

  1. Un giro decisivo en la manifestación de la identidad de Jesús: “¿Quién es este?” (21,10). Si seguimos el hilo narrativo de Mateo, hasta este momento Jesús nunca había proclamado explícitamente que era el Mesías. Su reivindicación mesiánica estaba implícita en la convicción de que sus exorcismos eran la prueba de que Satanás era vencido. Pero no se decía de manera abierta que fuera el Mesías. La persona de Jesús es presentada con energía como un rey manso que practica la no violencia, tal como lo había enseñado desde el Sermón de la montaña. Como un rey que no combate para matar, sino que da su propia vida. No obstante, estos gestos que parecen debilidad, Jesús tiene los rasgos del Mesías esperado. La gente en Jerusalén supo reconocerlo. Por eso salen a traer enseguida palmas y ponen a su disposición sus mantos para organizarle un camino triunfal (21,8-9). Es toda una confesión de fe. La última frase del pasaje indica este reconocimiento: “Este el Profeta Jesús, de Nazaret de Galilea” (21,11).

Aplicación pastoral

   Por eso, el hecho de la entrada triunfal en Jerusalén tiene una especial relevancia histórica y este episodio ayuda a entender los verdaderos motivos de la crucifixión de Jesús, quien fue acusado de sedición y fue condenado a muerte por proclamarse rey de los judíos (Mt 27, 37). Y ésta, su entrada triunfal en Jerusalén, es la única vez en su vida que Jesús aparece proclamado como rey.

   Entonces, ¿cómo se explica esta entrada triunfal de Jesús como rey?

  1. Jesús quiso presentarse como Rey, pero de un Reino no violento ni combativo. El «Reino de Dios», cuyo fundamento es el amor y la paz del compartir como hermanos estaba cerca, y en nada se parecía a los reinados de violencia y opresión que dominaban el mundo.
  2. Hoy vivimos en un clima permanente de agresión, guerra y violencia, tanto a nivel nacional como internacional. Colombia sigue siendo calificada, y los colombianos lo sentimos primeros en nuestra propia carne, como una de las naciones más violentas del mundo. Y fuera de nuestra patria, la mirada prácticamente empeora al darnos cuenta de las innumerables guerras por el dinero, el poder y la intransigencia. Basta encender los medios de comunicación para escuchar las diversas invasiones, guerras y desastres en el Oriente Medio, en Ucrania, en África o al interno de nuestros países.
  3. Más aún, en vez de concebir la vida como oportunidad de amor, bondad, compartir y gozar, la estamos convirtiendo en ocasión de dominio, explotación, venganza y muerte. Hasta nuestro vocabulario de todos los días está cambiando negativamente. Hablamos más de «guerra a las drogas» que de producción de alimentos; de «combate a la delincuencia» que de salud para todos los seres humanos; de «imponer mi ideología o partido político» que de dialogar como hermanos para llegar a objetivos comunes. Nos da miedo la calle, la improvisación y corrupción de los gobiernos, el abuso de niños/as, la ingesta de drogas y alucinógenos de toda clase, el atiborramiento de vehículos y medios de transporte, las protestas violentas destructoras, el desconocimiento de igualdad con las mujeres, la contaminación del ambiente de nuestra hermosa tierra, y otros muchos acontecimientos miedosos más.

   Con su entrada gloriosa a Jerusalén montado en un burrito, Jesús nos está diciendo que, sólo en su seguimiento alegre y humilde, encontraremos el camino del verdadero progreso, del amor compartido, de la felicidad a todos los niveles, del acercamiento al Reino de Dios definitivo.

   El Reino de Jesús siempre será paradójico, como nuestras vidas: el mismo pueblo que lo aclamó, es el que después, manipulado por sus jefes religiosos, pedirá su muerte.

   El de Jesús es un Reino que a todos nos pertenece, del que todos podemos disfrutar y en el que todos participamos, con la única condición de que estemos abiertos al amor del otro.

   Entremos, pues, a vivir los días santos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, con la firme convicción de que no hay triunfo sin sufrimiento, no hay éxito sin esfuerzo, no hay progreso sin compartir, no hay resurrección sin muerte.

   Jesús, el rey manso y humilde, quiere entrar en la vida de cada hombre y mujer en este tiempo difícil pero precioso. Él entra sin hacer violencia y sin someter a la fuerza, sólo con la energía seductora de su amor.

   Pidamos al Señor, Rey de Reyes, que nos ayude a comprender que el poder es fruto de la soberbia y que sólo en la bondad y en el servicio a nuestros hermanos encontraremos el verdadero camino de realización humana y cristiana.

   ¡No amemos el poder, amemos el poder amarnos!

 

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