XXX Domingo del Tiempo Ordinario – 25 de octubre de 2026
Ciclo A: Mt 22, 34-40
P. Luis Carlos Jaime Murillo, CSsR
EL MANDAMIENTO MAYOR DE LA LEY
Introducción
Estos últimos domingos hemos venido haciendo una lectura del capítulo 22 del Evangelio según san Mateo en el que aparece la controversia de Jesús con los grupos adversarios durante su vida pública. Creemos importante hacer unas anotaciones que nos ayudarán a comprender lo que nos cuenta el evangelista. Ofrezco algunos elementos que nos pueden ayudar para la reflexión.
Análisis exegético
Mateo sitúa esta escena en Jerusalén, durante los últimos días del ministerio de Jesús antes de su pasión. En el capítulo 22 encontramos una serie de controversias:
- Los fariseos y herodianos preguntan sobre el tributo al César (22, 15-22).
- Los saduceos preguntan sobre la resurrección (22, 23-33).
- Un fariseo pregunta por el mandamiento mayor (22, 34-40).
- Jesús plantea después una pregunta acerca del Mesías y David (22, 41-46).
Por tanto, Mateo 22, 34-40 no es una enseñanza aislada, sino que forma parte de una sección en la que la autoridad y la interpretación de Jesús respecto de la Ley están siendo cuestionadas.
Análisis teológico pastoral
–El interlocutor: un fariseo. Mateo dice que uno de ellos, un νομικός (nomikós), es decir, un experto o intérprete de la Ley, pregunta a Jesús. y la pregunta no es simplemente: “Cuál es el mandamiento más importante en la Ley?” (22, 36). El texto pregunta por el primero o mayor mandamiento, lo cual refleja una cuestión relevante dentro del judaísmo de la época: cómo comprender la cantidad de mandamientos de la Torá y establecer cuáles expresan de manera fundamental la voluntad de Dios.
–Amar a Dios. Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22,37). La cita procede del libro del Deuteronomio (6, 5), dentro del contexto del Shemá de Israel (Dt 6, 4-9). Esto es importante porque Jesús no introduce una idea completamente nueva, sino que recupera el centro de la fe de Israel.
–Con todo el corazón. En la antropología bíblica, el corazón no se refiere únicamente a los sentimientos, sino que es el centro de la voluntad, el pensamiento y las decisiones. Por consiguiente, amar a Dios con todo el corazón implica una orientación integral de la persona hacia Dios.
–Con toda el alma. La palabra puede expresar la propia vida o existencia. La idea es que el amor a Dios compromete la totalidad de la vida del ser humano.
–Con toda la mente. Mateo emplea aquí una formulación que subraya la dimensión intelectual y racional del compromiso con Dios. En conjunto, las expresiones «corazón», «alma» y «mente» enfatizan totalidad e integridad de la persona. No se trata de amar a Dios solamente mediante emociones religiosas, sino de orientar hacia Él la totalidad de la existencia humana.
–“Éste es el primero y grande mandamiento” (Mt 22, 38). Jesús no dice simplemente que este mandamiento sea «uno de los importantes». Lo presenta como el primero y grande. El término «primero» establece una prioridad fundamental: la relación con Dios constituye el fundamento de la existencia del creyente. Pero Jesús no termina ahí.
–“El segundo es semejante a él” (Mt 22, 39). Aquí aparece uno de los elementos más importantes del texto. Jesús dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ibid.). La cita procede del libro del Levítico (19, 18). Lo llamativo es que Jesús coloca el amor al prójimo inmediatamente junto al amor a Dios. No dice simplemente: primero Dios y, en segundo lugar, algo menos importante llamado prójimo, sino que afirma que el segundo mandamiento es «semejante» al primero, estableciendo una relación inseparable entre ambos, entre el amor a Dios y al prójimo.
–¿Quién es el ‘prójimo’?. En el contexto de Levítico 19, el «prójimo» se relaciona inicialmente con el miembro de la comunidad. Sin embargo, el mismo capítulo amplía el horizonte al extranjero residente: “Lo amarás como a ti mismo” (Lv 19, 34). Además, en el desarrollo del Evangelio de Mateo, Jesús profundizará todavía más el concepto del amor al prójimo, llegando incluso al amor a los enemigos (Mt 5, 43-48). En el Evangelio según san Mateo, el amor al prójimo no puede reducirse simplemente a amar a quienes pertenecen a nuestro círculo social o religioso.
–“Como a ti mismo” (Mt 22, 39). Esta expresión establece una medida del amor al prójimo. No significa necesariamente que primero haya que desarrollar un fuerte amor psicológico hacia uno mismo, sino que hace referencia a buscar para el otro el bien que normalmente buscamos para nosotros mismos, donde el prójimo deja de ser alguien secundario y su dignidad se convierte en una preocupación moral inseparable de la relación con Dios.
–“De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas” (Mt 22, 40). Esta frase es fundamental para la interpretación del pasaje. «La Ley y los Profetas» ya que es una manera de referirse a las Escrituras de Israel en su conjunto. Jesús afirma que toda la revelación de las Escrituras «depende» de estos dos mandamientos. El verbo utilizado puede transmitir la idea de estar suspendido de algo, como una estructura que depende de un punto de apoyo.
Pero es importante evitar una interpretación simplista. Jesús no está diciendo que la Ley sea inútil o que haya que reemplazarla por un sentimiento genérico de amor, sino que es el principio fundamental que da sentido a la Ley.
Conclusión
Una de las preguntas más importantes es: ¿Por qué Jesús une el amor a Dios y el amor al prójimo? Porque la relación con Dios tiene necesariamente una dimensión ética y comunitaria. No es coherente afirmar: «Amo profundamente a Dios» mientras se desprecia, explota o destruye al ser humano creado por Dios. Mateo 22, 34-40 presenta el amor total a Dios y el amor al prójimo como el centro interpretativo de la Ley y los Profetas, mostrando que la auténtica relación con Dios no puede separarse de una relación responsable y amorosa con el prójimo.

