XXI Domingo del Tiempo Ordinario – 23 de agosto de 2026
Ciclo A: Mt 16, 13-20
P. Fabio Edilson Cárdenas Suárez, CSsR
¿QUIÉN ES JESÚS PARA NOSOTROS HOY?
Introducción
Vivimos rodeados de opiniones. Si hoy encuestamos a las personas en la calle sobre quién es Jesús, escucharemos muchas versiones: que fue un gran maestro, un líder revolucionario, un hombre bondadoso… Los discípulos le dieron a Jesús las respuestas que percibían en el ambiente de su época.
Pero la vida espiritual verdadera no se alimenta de lo que otros dicen. Dios no busca que repitamos conceptos heredados, sino que tengamos un encuentro íntimo con Él.
Jesús trasciende las opiniones populares, para confrontar a sus discípulos con una pregunta directa y personal. No busca una respuesta teórica, sino una que nazca de la experiencia vivida y el encuentro personal con Él.
No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él, para ti, ¿quién soy yo?
La reflexión del evangelio de este domingo es fundamental para la experiencia como cristianos, pues marca el momento en que Jesús define la identidad de su Iglesia y el rol del primado de Pedro.
Comentario bíblico
Para este propósito, tengamos presentes algunos aspectos para la reflexión:
- Pasar de la opinión a la confesión de fe. Jesús traslada la pregunta desde lo externo (“¿Quién dice la gente…?”: 16, 13) hacia lo íntimo (“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”: 16, 15). En la fe católica, esta es una invitación a pasar de una religión heredada a una experiencia personal y viva con Cristo. Esta respuesta no surge de la lógica humana, sino de la revelación del Padre, implicando que el encuentro con Jesús es un don de la gracia.
- Reconocer a Cristo, el Hijo del Dios vivo. Pedro confiesa: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (16, 16). Esta afirmación tiene implicaciones: Jesús no es un personaje histórico estático, sino una presencia actual que da vida, sana y transfigura; ser «hijo» significa encarnar las obras del Padre y prolongar su presencia en la historia.
- La Iglesia como roca y comunidad. La promesa de Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (16, 18), cimenta la estructura de la Iglesia católica: La roca no es la persona de Pedro por sus méritos, sino la solidez de la fe que él proclama. Por tanto, el Papa y sus sucesores ejercen un ministerio de unidad. Jesús otorga las llaves y el poder de «atar y desatar» (16, 19), que no es una imposición jurídica, sino una misión de reconciliación. La Iglesia actúa como llave que abre el acceso a la misericordia divina, permitiendo que el perdón de Dios actúe en la tierra.
- La invitación a cada bautizado. Al igual que Pedro, todo discípulo es llamado a ser una «roca» de solidez para sus hermanos y una «llave» que abre caminos hacia el amor de Dios. La vida cristiana es, por tanto, un testimonio constante de esa compasión que no admite separación, un amor que es, como manifiesta San Pablo, inquebrantable.
Aplicación pastoral
El cristianismo no se define como una doctrina o código moral, sino como una persona. El llamado final es a responder a la pregunta de Jesús desde nuestra propia realidad, fatigas, alegrías y pecados, convirtiéndonos en instrumentos de solidez y apertura para los demás.
La misión que Jesús encomendó a Pedro no es exclusiva, sino que se extiende a todos los discípulos. Esta vocación compartida se manifiesta en:
- Ser «roca» de solidez. Así como Pedro es piedra, todo creyente está llamado a ser un punto de apoyo, fuerza y coraje para quienes atraviesan dificultades.
- Ser «llave» de apertura. Los discípulos actúan como llaves que abren las «puertas de Dios» y los caminos hacia una vida en plenitud, ofreciendo esperanza a los demás.
Cada discípulo está llamado a interiorizar a Dios de tal manera que, incluso en la fragilidad humana, su vida sea un reflejo de la plenitud divina, abrazando el cielo con la tierra a través de sus actos de amor y compasión.
El encuentro con Dios transforma radicalmente al individuo al desplazar el centro de su vida hacia una relación personal con Jesucristo.
Señor Jesús, hoy hemos escuchado tu pregunta en el corazón.Queremos dejar atrás las opiniones del mundo, el cansancio y las dudas, para decirte con la misma valentía y humildad de Pedro:“¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!”.
Tú eres el Señor de nuestras vidas, el Salvador y la roca firme en medio de nuestras tempestades. Te pedimos que derrames tu Espíritu Santo sobre nosotros, para que no seamos cristianos de apariencias, ni de costumbres,sino piedras vivas que construyen y aman.
Concédenos el regalo de una fe viva,ese don que sólo el Padre puede revelar. Amén

